Monday, July 20, 2026
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La historia del PRM no puede reescribirse

Los verdaderos fundadores y el deber de preservar la memoria histórica

Por: Prof. Nelson Vargas

Los partidos políticos, como las naciones, construyen su identidad sobre la memoria de quienes los hicieron posibles. Cuando esa memoria se distorsiona, no solo se les hace una injusticia a sus protagonistas, sino que también se priva a las nuevas generaciones del derecho a conocer la verdad.

En los últimos años se ha hecho costumbre escuchar a dirigentes proclamarse fundadores del Partido Revolucionario Moderno (PRM). Algunos lo hacen con razón; otros, quizás por desconocimiento de los hechos o por interpretar de manera amplia el concepto de fundación.

Es oportuno, entonces, precisar algunos aspectos que la historia no puede ignorar.

El PRM no nació de manera espontánea. Fue el resultado de un proceso político complejo, cargado de incertidumbres, sacrificios y decisiones difíciles. Hubo que organizar una nueva estructura partidaria, redactar documentos, celebrar reuniones, conformar organismos de dirección y recorrer innumerables veces los pasillos de la Junta Central Electoral hasta lograr el reconocimiento legal del nuevo partido.

Pocos recuerdan que el nombre originalmente propuesto fue Partido Mayoritario. La Junta Central Electoral rechazó esa denominación por razones legales. A partir de ese momento se inició un proceso de consultas, discusiones y gestiones que culminó con la adopción del nombre Partido Revolucionario Moderno (PRM), el cual finalmente obtuvo el reconocimiento oficial.

Nada de eso ocurrió por casualidad. Detrás hubo hombres y mujeres que dedicaron largas jornadas de trabajo, asumieron riesgos políticos y cargaron sobre sus hombros la responsabilidad de construir una nueva organización en momentos de profundas diferencias internas.

Es justo reconocer ese esfuerzo.

Pero también es igualmente justo reconocer a los miles de dirigentes de base que, desde cada provincia, municipio, distrito municipal, sección y paraje del país, acompañaron ese proceso. Muchos abandonaron posiciones políticas, enfrentaron incomprensiones y apostaron por un proyecto que entonces era apenas una esperanza.

Ellos también son fundadores del PRM.

Decir esto no disminuye el mérito de nadie; al contrario, engrandece la historia del partido. La diferencia radica en que existe un grupo de dirigentes nacionales que asumió la responsabilidad específica de organizar, estructurar y legalizar la nueva organización política. Ese hecho está documentado y forma parte de la historia institucional del partido.

La primera Comisión Ejecutiva del PRM estuvo integrada por:

Andrés Bautista, Jesús (Chu) Vásquez, Milagros Ortiz Bosch, Ivelisse Prats de Pérez, Ramón Alburquerque, Hugo Tolentino Dipp, Rafael (Fafa) Taveras, Arturo Martínez Moya, Eduardo Sanz Lovatón, Orlando Jorge Mera, Roberto Fulcar, Josefa Castillo, Michel Lulo Collado, Deligne Ascensión, Sarah Emilia Paulino, José Rafael Abinader, Eligio Jáquez, Nelson Arroyo, Vicente Sánchez Baret, Tirso Mejía Ricart, Rafael Santos, Tony Raful, Ramón Efrén Cuello, José Marte Piantini, Luis Delgado, Franklin Fermín, Antonio Almonte, Luis Valdez, Margarito de León, Félix Aracena, Lourdes Herrera, Geanilda Vásquez, César Cedeño, Sonia Guzmán, Faruk Castillo, Héctor Guzmán, Salvador Ramos, Jean Rodríguez, Rafael (Fello) Suberví Bonilla, Manuel Durán, Fernando Durán, Jesús Feris Iglesias, Víctor Méndez, Darío Castillo, Rafael Báez, César Sánchez y Rafael Montilla.

Ellos protagonizaron la primera etapa institucional del partido.

Quien escribe estas líneas también fue fundador del PRM, aunque no participó en esa reunión específica de la Comisión Ejecutiva. Lo digo con absoluta serenidad porque la historia no necesita adornos. Cada quien debe sentirse orgulloso del papel que realmente desempeñó.

No se trata de establecer categorías entre compañeros ni de excluir a nadie. Se trata, sencillamente, de respetar los hechos. El dirigente que fundó el partido en su comunidad merece el mismo reconocimiento moral que quien participó en las reuniones nacionales. Ambos aportaron a una misma causa desde responsabilidades diferentes.

Lo que no resulta correcto es intentar modificar los acontecimientos para atribuirse un papel que los documentos históricos no respaldan.

La historia pertenece a todos, pero la verdad histórica pertenece a los hechos.

Ser fundador no es un título honorífico que pueda reclamarse con el paso del tiempo. Es una condición que nace de la participación efectiva en el proceso de creación del partido, ya sea desde la dirección nacional o desde la militancia territorial que hizo posible su expansión.

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