Artículo patriótico en honor a su natalicio, 9 de marzo
Por Wilfredo Álvarez Mejía
“Entró por Haití porque no podía hacerlo por otra parte; pero si alguien pretendiese mancillar mi nombre por eso, decidle que yo soy la Bandera Nacional.”
En la historia gloriosa de la República Dominicana se alza, firme e inmortal, la figura de Francisco del Rosario Sánchez, un hombre cuyo nombre está escrito con la tinta indeleble del valor, la dignidad y el sacrificio. Nacido el 9 de marzo de 1817 en la antigua calle El Tapao de Santo Domingo, hoy 19 de Marzo, vio la luz uno de los defensores más ardientes de la soberanía nacional. Desde su infancia, moldeado por las enseñanzas de su madre y la guía patriótica del sacerdote Gaspar Hernández, se formó un espíritu valiente y de ideas claras, decidido a entregarlo todo por la libertad de su pueblo.
Heredó no solo la sangre rebelde de su linaje —pues era sobrino de la heroica María Trinidad Sánchez, quien entregó su vida antes de traicionar a la patria— sino también un profundo sentido de justicia que lo acompañaría hasta su último aliento. Su intelecto brillante, nutrido por el estudio del latín y el francés, lo convirtió en un abogado respetado y en un ciudadano consciente de la urgencia histórica que vivía su nación.
Desde su niñez, Sánchez se formó bajo la guía amorosa de su madre, Olaya del Rosario de Belén, y bajo las enseñanzas patrióticas del sacerdote Gaspar Hernández, quien fortaleció su espíritu rebelde y su fe en la libertad nacional. El destino le dio una familia marcada por la valentía: fue sobrino de María Trinidad Sánchez, heroína mártir que prefirió la muerte antes que delatar a sus compañeros de causa.
Muy joven aún, Sánchez decidió poner su inteligencia, su corazón y su vida al servicio de la patria. Se convirtió en un abogado brillante, dominando el francés y el latín, lenguas que utilizó para pensar y debatir los ideales de justicia que defendía para su nación.
Pero su mayor paso hacia la inmortalidad lo dio en 1838, al integrarse a la sociedad secreta La Trinitaria, junto a Duarte y Mella, con el firme propósito de forjar una nación soberana. Cuando Duarte fue obligado al exilio en 1843, Sánchez asumió con valentía el liderazgo del movimiento independentista, guiando al pueblo con determinación en los momentos más inciertos de nuestra historia.
Fue él quien, en enero de 1844, redactó el Manifiesto de Independencia, documento clave que proclamaba el derecho de este pueblo a gobernarse a sí mismo. [conectate.com.do]
Por eso, cuando llegó la noche gloriosa del 27 de febrero de 1844, fue Francisco del Rosario Sánchez quien alzó su voz en la Puerta del Conde y proclamó ante el mundo la libertad dominicana. Allí, su espíritu ardiente pronunció la frase que aún resuena en el alma nacional:
“¡Separación, Dios, Patria y Libertad, República Dominicana!”
El Trinitario valeroso que desafió la opresión
En 1838, se unió a la sagrada sociedad secreta La Trinitaria, fundada por Juan Pablo Duarte. Allí, hombro a hombro con jóvenes de fuego, forjó el ideal más noble: una patria libre, soberana e independiente.
Cuando Duarte fue forzado al exilio en 1843, la antorcha de la libertad no se apagó: Sánchez la tomó con firmeza, convirtiéndose en el guía moral y estratégico del movimiento independentista. Dirigió reuniones, escribió documentos, buscó consensos y mantuvo el espíritu dominicano en pie frente a un panorama incierto.
En enero de 1844, redactó el célebre Manifiesto de Independencia, piedra angular del proceso emancipador y un testimonio de la firme determinación de romper las cadenas que aun oprimían al pueblo dominicano.
Persecución, exilio y resistencia ante la anexión
Tras las tensiones políticas con el sector conservador, especialmente con Pedro Santana, la Junta Central Gubernativa lo declaró traidor en 1844 y lo deportó. Durante su exilio, sufrió encarcelamientos, confiscación de bienes y persecución política.
Aun así, él permaneció fiel a la patria. Cuando Santana, en 1861, consumó la infame anexión a España, Sánchez no dudó. Regresó para defender la República, dispuesto a enfrentar el poder usurpador con la misma dignidad con que había proclamado la independencia años atrás.
Fue capturado en El Cercado, llevado a San Juan de la Maguana y condenado a muerte en un juicio sin justicia. Pero ni el temor ni la muerte lograron doblegarlo. Sus palabras finales, dirigidas al pueblo que defendió hasta lo último, resuenan hoy como un eco sagrado:
“Diga a los dominicanos que muero con la patria y por la patria, y a mi familia que no quiera vengar mi muerte.”
Hoy, Francisco del Rosario Sánchez es reconocido como uno de los Tres Padres de la Patria, junto a Juan Pablo Duarte y Ramón Matías Mella. Su vida fue descrita como “honesta, incorruptible e inmaculada”, marcada por un espíritu “valiente, temerario e ingenuo” en su entrega absoluta a la República Dominicana.



