Por Nelson Vargas
La Universidad Autónoma de Santo Domingo atraviesa un momento clave en su historia reciente, marcado por avances en materia laboral y social que han contribuido a fortalecer la estabilidad institucional. En este contexto, resulta imprescindible reflexionar sobre la importancia de preservar y ampliar estas conquistas, evitando retrocesos que puedan generar incertidumbre en la comunidad universitaria.
Durante la gestión del rector Editrudis Beltrán, se han impulsado iniciativas orientadas a mejorar las condiciones económicas y sociales de docentes, empleados, jubilados y pensionados. Estos avances, fruto de esfuerzos administrativos y del diálogo con distintos sectores, representan pasos significativos hacia una universidad más justa y equilibrada. Aunque aún persisten desafíos, no se puede ignorar que esta etapa ha contribuido a consolidar derechos y a generar un ambiente de mayor seguridad institucional.
Un elemento determinante en estos logros ha sido el respaldo del gobierno encabezado por el presidente Luis Abinader. Su apoyo a la educación superior pública y, en particular, a la UASD, ha permitido viabilizar mejoras económicas y fortalecer la capacidad de respuesta de la universidad frente a sus compromisos sociales. Esta articulación entre la gestión universitaria y el Estado ha sido clave para alcanzar resultados concretos.
Sin embargo, el momento actual también invita a plantear interrogantes necesarias. ¿Podrá la próxima gestión rectoral mantener la estabilidad alcanzada? ¿Se garantizará la continuidad de las conquistas laborales y sociales logradas hasta ahora? ¿Existirá la voluntad de ampliar estos beneficios sin que medien conflictos o presiones innecesarias? ¿O, por el contrario, se abrirá un período de incertidumbre que ponga en riesgo lo construido?
La comunidad uasdiana —activa, jubilada y pensionada— tiene ante sí el reto de mantenerse vigilante y participativa. La defensa de sus derechos no solo implica reconocer los avances logrados, sino también exigir que estos sean sostenidos y superados en el tiempo.
El futuro de la UASD dependerá, en gran medida, de la capacidad de sus próximas autoridades para comprender que las conquistas sociales no son concesiones temporales, sino pilares fundamentales de una institución comprometida con el desarrollo del país. La estabilidad no debe ser vista como un punto de llegada, sino como la base sobre la cual seguir construyendo una universidad más inclusiva, equitativa y fortalecida.



