Saturday, March 7, 2026
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PRM: Entre el poder y la fractura interna

Por: Lic. Willy Geremias Encarnación

El Partido Revolucionario Moderno (PRM) llegó al poder como la promesa de un nuevo estilo político, pero hoy enfrenta un escenario que amenaza con socavar su cohesión: una lucha interna desatada por el control de la organización y las aspiraciones presidenciales de cara a 2028. Las tensiones han dejado de ser susurros de pasillo para convertirse en declaraciones públicas, movimientos estratégicos y hasta reproches abiertos que, en algunos casos, involucran figuras cercanas al propio Presidente.

Un partido joven, pero con viejos hábitos

El PRM, nacido como escisión del histórico PRD, arrastra algunas de sus herencias menos favorables: el caudillismo, la lucha por parcelas de poder y la incapacidad para regular el proselitismo interno. Pese a que el presidente Luis Abinader sugirió un protocolo para regular la competencia, hoy asistimos a un espectáculo de precandidaturas anticipadas, uso político de espacios institucionales y declaraciones que revelan un hambre de poder que sobrepasa la prudencia.

Las lecciones de la historia política dominicana son claras: la falta de control interno convierte a los partidos en campos de batalla que terminan debilitando la gobernabilidad del país. El PRM parece seguir ese guion, con la diferencia de que su conflicto se desarrolla bajo la lupa de un electorado más vigilante y unas redes sociales dispuestas a amplificar cada desliz.

Presidenciables y bloques de poder

El forcejeo no es solo ideológico, sino estratégico. Figuras como Carolina Mejía, David Collado, Alfredo Pacheco y José Ignacio Paliza encabezan bloques con apoyos claros dentro del Congreso y las estructuras partidarias. El respaldo unánime de 140y picos diputados a Pacheco para la Secretaría General es una demostración de músculo político que, lejos de apaciguar tensiones, las exacerba.

Mientras tanto, las lealtades internas se reorganizan con rapidez, en un juego que mezcla alianzas coyunturales y promesas a futuro. El liderazgo de Abinader sigue siendo el eje estabilizador, pero su neutralidad aparente genera suspicacias: ¿arbitra de forma efectiva o simplemente deja que los aspirantes midan fuerzas?

Declaraciones y controversias

El debate interno ha alcanzado un tono que antes se evitaba en público. Comentarios de miembros influyentes sobre figuras cercanas a la presidencia, críticas veladas entre dirigentes y descalificaciones indirectas han roto la imagen de disciplina partidaria. Aunque las menciones directas a la primera dama o su familia no han sido confirmadas oficialmente, las percepciones de irrespeto y juego sucio se han instalado en parte de la opinión pública.

En política, las percepciones pesan tanto como los hechos. Y en este caso, cada palabra subida de tono alimenta la narrativa de un PRM fragmentado y con liderazgos enfrentados.

El trasfondo: necesidad de control y vacío institucional
Más allá de los nombres y las frases polémicas, el problema de fondo es institucional. El PRM carece de mecanismos internos eficaces para administrar la competencia política sin que esta erosione su unidad. La Ley 33‑18 y la Ley 30‑23 establecen límites claros para el proselitismo fuera de tiempo, pero el partido no ha sabido aplicarlos con rigor.

La consecuencia es un escenario donde la lucha por el poder se libra en todos los frentes: en el Congreso, en los medios y hasta en los espacios digitales. Esto no solo desgasta la imagen del partido, sino que distrae de los retos legislativos y de gobierno que exigen cohesión y enfoque.

Riesgos y proyección a futuro

Si el PRM no logra encauzar este pulso interno, corre el riesgo de repetir el ciclo de autodestrucción que afectó a otros partidos dominicanos en el pasado. El electorado actual no premia la división, y menos cuando esta se da a la vista de todos. La unidad no puede ser solo un discurso en actos partidarios; debe ser una práctica constante respaldada por reglas claras y liderazgos responsables.

En un contexto donde el país debate reformas cruciales como el nuevo Código Penal y eventuales cambios al Código Procesal Penal, un partido de gobierno fracturado difícilmente podrá impulsar transformaciones profundas sin arriesgar su capital político.

El PRM está ante una encrucijada: o convierte esta competencia interna en un ejercicio democrático ordenado, o se deja arrastrar por la espiral de la confrontación que históricamente ha debilitado a los partidos dominicanos. La diferencia estará en la capacidad de sus líderes para entender que el poder se consolida no solo ganando elecciones, sino manteniendo la cohesión cuando se gobierna.

Si la ambición se impone sobre la prudencia, el costo no será solo para el PRM, sino para toda la nación.

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