Saturday, March 7, 2026
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Neurociencia y Marx: Comprender al Ser Humano para Transformar la Sociedad

Por Sergio Terrero

Vivimos en una época en la que la metáfora de Zygmunt Bauman sobre la sociedad líquida parece más vigente que nunca. Describe un mundo donde nada permanece: ni las relaciones, ni los empleos, ni las instituciones, ni siquiera nuestras certezas más íntimas. Todo fluye, se evapora y se transforma. Esta sensación de inestabilidad nos obliga a replantearnos una pregunta que ha acompañado a la humanidad durante siglos: ¿cómo somos realmente los seres humanos? ¿Nacemos buenos o malos, o somos, simplemente, el resultado de lo que vivimos?

Durante años, el debate lo marcaron dos grandes pensadores. Rousseau aseguraba que nacemos buenos y la sociedad nos corrompe. Hobbes, por el contrario, imaginaba un estado natural tan conflictivo que solo un Estado fuerte puede evitar la “guerra de todos contra todos”. Aunque ambos influyeron profundamente en la política moderna, en mi opinión, caen en una mirada demasiado rígida y determinista.

Hoy sabemos que el ser humano no es una esencia inmutable. La neurociencia ha demostrado que nuestro cerebro es profundamente plástico: cambia, se adapta, se reorganiza. Somos, en gran medida, el resultado de nuestras experiencias, vínculos y contextos. Nada en nosotros está escrito de forma irrevocable desde el inicio.

Sin embargo, para comprender lo que somos, la neurociencia no basta. Aquí es donde la mirada de Karl Marx resulta sorprendentemente actual. Marx no creía en una “naturaleza humana” eterna. Para él, lo que somos depende de nuestras condiciones materiales: del trabajo que realizamos, de las relaciones sociales que construimos y de nuestra posición dentro de la estructura económica. En otras palabras, la vida concreta que llevamos moldea nuestra conciencia, deseos y valores.

Si unimos ambos enfoques, la plasticidad cerebral de la neurociencia y la historicidad social de Marx, obtenemos una visión más rica del ser humano: somos biología, sí, pero también somos historia. Somos cuerpo, pero también cultura. Somos un cerebro que cambia, inmerso en una sociedad que también se transforma.

Esta síntesis nos permite analizar nuestra realidad con otra perspectiva. Pensemos en la República Dominicana de hoy: una sociedad atravesada por la velocidad, la inestabilidad y la posverdad. Las figuras más influyentes ya no son necesariamente intelectuales o líderes comunitarios, sino comunicadores como Alofoke o artistas como Tokischa. No se trata de demonizarlos; cada uno, a su manera, refleja tensiones reales: la búsqueda de visibilidad, la necesidad de romper tabúes, el deseo de narrar otra experiencia urbana. Pero también evidencian cómo la cultura mediática puede convertirse en un espejo distorsionado del país, un espejo que forma influye y moldea subjetividades.

Si aceptamos que la ideología dominante es la de las clases dominantes, como señalaba Marx, y que vivimos en una sociedad líquida donde todo fluye, como planteaba Bauman, entonces debemos preguntarnos: ¿cómo podemos orientar esa fluidez hacia un proyecto colectivo que nos beneficie a todos?
No basta con interpretar lo que ocurre. La gran lección de Marx sigue en pie: de lo que se trata es de transformar el mundo. Y para lograrlo necesitamos dos cosas:

Comprender científicamente cómo los cambios tecnológicos, sociales y culturales modifican nuestro ser social y nuestra forma de pensar.

Transformar estratégicamente nuestras políticas públicas, sistemas educativos y prácticas comunitarias, aprovechando la plasticidad humana para generar bienestar y equidad.

La neurociencia aporta la certeza de que podemos cambiar. Marx aporta la certeza de que ese cambio depende de nuestras condiciones materiales. La historia nos recuerda que ninguna sociedad mejora por inercia. Si queremos un país capaz de enfrentar la inteligencia artificial, la crisis climática y la disolución de las viejas certezas, debemos construir activamente nuevas formas de vivir juntos.

Al final, la pregunta no es si la sociedad líquida es buena o mala. La pregunta es qué hacemos con ella. ¿La dejamos que nos arrastre o aprendemos a navegarla? Comprender al ser humano en toda su complejidad, biológica, social e histórica, puede ser el primer paso para transformar la República Dominicana en una sociedad más justa, sólida y humana.

El Ancla RD
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