Saturday, March 7, 2026
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El Caso SeNaSa y la Máxima de la “Pequeña Vagabundería”

Por Apolinar García Henriquez

La reciente revelación de un entramado de corrupción en el Seguro Nacional de Salud (SeNaSa) ha vuelto a exponer una herida abierta en la administración pública dominicana: la fragilidad de los controles y la audacia de quienes desfalcan los recursos destinados al bienestar ciudadano. Este caso, que involucra millones de pesos desviados del sector salud, no es solo un delito financiero; es un atentado directo contra la dignidad de una población que depende de esos fondos para su supervivencia.

En medio de la indignación, resuena con fuerza una frase de los Cuentos de política criolla: “Toribio, el que no hace oportunamente una pequeña vagabundería, tiene que hacer treinta grandes al día siguiente”. Esta máxima de Jacinta, aunque nacida de la ficción literaria, desnuda una realidad perversa de nuestra idiosincrasia política.

¿Es posible que el caso SeNaSa sea el resultado de años de “mirar hacia otro lado”? La reflexión es perturbadora: la tolerancia ante las pequeñas faltas el “favorcito”, la licitación dirigida o el viático injustificado actúa como el caldo de cultivo para las “treinta grandes vagabunderías” que hoy nos escandalizan. Cuando el sistema no rectifica a tiempo, el corrupto interpreta el silencio como permiso y la lentitud judicial como impunidad.

La cultura del “delito rentable se construye cuando el funcionario percibe que el riesgo es bajo y la recompensa es alta. Lo que comienza como una irregularidad menor muta en un esquema complejo de desfalco multimillonario porque nadie detuvo la primera “pequeña vagabundería”.

El caso SeNaSa debe ser el punto de quiebre. No basta con señalar el gran escándalo; es imperativo atacar la raíz de la permisividad. La justicia no solo debe ser reactiva ante las “treinta grandes”, sino preventiva y firme ante la primera falta.

La salud del pueblo no puede seguir siendo el botín de quienes confunden el servicio público con una oportunidad de enriquecimiento ilícito. Romper con la máxima de Jacinta requiere instituciones que no dejen pasar ni una sola “vagabundería”, por pequeña que parezca, antes de que se convierta en la vorágine que hoy engulle los recursos del Estado.

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